Taller de escritura 2008-1 EAFIT
Profesora: Carolina Martínez
Eran casi las once de la mañana, el profesor Marroquín me había llamado dos horas antes a replantear la hora de la entrevista, puesto que se le presentó un inconveniente en la Liga Antioqueña de Fútbol. Pero ya era el momento. Toqué el timbre de la casa y él, que vestía una camisa Lacoste amarilla, me gritó por la ventana que acomodara mi carro de tal modo que no obstruyera demasiado el tránsito vehicular. De inmediato le hice caso, ya que comprendía que ésta estrecha calle era muy congestionada, porque conducía a la entrada principal de la reconocida Unidad deportiva de Belén.
Solucionado este pequeño inconveniente pude entrar al lugar, que más que una casa parecía un museo. Cada una de las paredes estaba repleta de fotos de diferentes futbolistas que fueron entrenados por Luis Alfonso Marroquín, un entrenador surgido en la década de los 70, y perfeccionado en los 80 gracias a su viaje a Brasil, en el que aprendió muchas de las cosas que hoy lo convierten en una de las personas que más sabe de fútbol en Colombia. Pero no solo eran fotos, eran trofeos, recortes de periódicos, diplomas. Aunque sobresalía una hermosa camiseta de Cruzeiro, que por la marca que patrocinaba pude deducir que era de 1984, una de las épocas más recordadas en este club de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, en el sur del país carioca.
“Maestro, muchas gracias”. -“Maestro es lo más hermoso que le pueden decir a un entrenador, gracias a usted”, respondió. Sugirió que tomara asiento, y me mostró uno de los libros que la habían obsequiado el día anterior. “Muy interesante”, le dije con sinceridad, al ver la portada de la publicación que se llamaba 320, y de la cual tenía conocimiento previo, gracias a una publicidad emitida por el canal argentino Fox Sports.
“Hijo, ¿querés limonadita?” me preguntó. Yo le respondí que si no era ninguna molestia, a lo que renegó. Ya con la limonada en mis manos me dijo con su particular tono de voz: “A lo que vinimos mijito”. Seguramente tenía un compromiso con alguno de los jugadores de su escuela de fútbol, que lentamente se acercaban a presenciar la entrevista. Sentado al lado del profesor, le conté en pocas palabras el objetivo de la entrevista. Me sentía emocionado. No todos los días se tiene la oportunidad de compartir con una persona tan importante para el deporte en Colombia. Y es que para los que no saben, Luis Alfonso Marroquín fue el técnico de la selección Antioquía en su mejor etapa, y luego dirigió el combinado nacional que obtuvo en título suramericano juvenil de 1985, en Asunción, Paraguay. Pero los logros no terminan ahí. Participó en el mundial sub 20 de Rusia, en ese mismo año, y aunque fue eliminado por Brasil, país en el que se había preparado, ganó el título del Fair Play con la selección. El único logro que tiene nuestro país con un seleccionado en competiciones mundiales de la FIFA.
“¿Qué opina usted del periodismo deportivo en Colombia? le pregunté. Y es que en la actualidad los medios de comunicación toman un papel de vital importancia a la hora de generar opinión, de mostrarle a la gente lo que está ocurriendo en su ciudad, región, país, o donde se presente un acontecimiento relevante. Todos los campos de nuestra vida cotidiana se ven, de alguna manera, inmersos en los medios masivos de comunicación, y el fútbol no es la excepción.
Tomó un trago de limonada y respondió: “Hay de todas las categorías: A, B, C, y puede haber hasta categoría D. Hay un escalafón ya marcado por la experiencia, el conocimiento, la investigación, la personalidad, los medios. Todo esto hace que se creen dentro del periodismo, no colombiano, sino universal, patrones, modelos y estilos que hacen bien o mal según la circunstancia. Hacen bien cuando usan su capacidad al servicio de la democracia, de la justicia. Y hacen mal cuando prevalece el interés personal por encima del general”.
Me dispuse a seguir con la entrevista, y le pregunté: ¿Según su opinión, cuál es el mejor periodista deportivo en Colombia? Sin dudarlo afirmó que Hernán Peláez Restrepo era el mejor de todos. No me fue extraña su respuesta. Para muchos de los que somos aficionados al fútbol en nuestro país el doctor Peláez, aún siendo ingeniero químico, es uno de los mayores referentes en la profesión. Y añadió: “Yo hace poco escribí un artículo para un periodista amigo que se llama Wbeimar Muñoz y se lo voy a leer…”
Se paró de su cómodo asiento y se dirigió a la oficina del frente. De ese lugar trajo un librillo, y lo abrió desde las últimas páginas, impidiendo que yo pudiera ver el título. Cuando encontró lo que necesitaba comenzó a leer: “UN PERIODISTA AL QUE ADMIRO”. Y continuó:
“Porque siempre critica sin ofender.
Porque siempre critica al profesional.
Porque nunca toca la vida privada de sus personajes.
Porque respeta y mide la capacidad y el potencial de cada cual.
¡Porque nunca teme elogiar!
Porque cada día investiga y se supera.
Porque es muy ameno, y tiene gracia entre su fina y elegante seriedad.
Porque nunca cae en la cruel mediocridad y en la rutina.
Porque ante todo problema presenta una solución.
Porque nunca se fundamenta en el chisme o el rumor.
Porque jamás hace leña del árbol caído.
Porque es libre y no se deja influenciar.
Porque todos los días crea, ingenia y es muy original.
Porque es un historiador y un sociólogo natural.
Porque su mensaje siempre lleva una enseñanza.
Porque es un enamorado de su profesión.
Porque es muy respetuoso, primero del hombre, y después del profesional.
Porque ha viajado demasiado y conoce otras culturas.
Este periodista es todo un señor, y su nombre es don Wbeimar Muñoz Ceballos”
Me quedé en silencio unos segundos. Estaba sorprendido. Tal vez el profe Marroquín lo había entendido como un irrespeto, no lo sé. Pero no era mi intención, solo me había quedado sin palabras. “Listo, profe” le dije con el ánimo de continuar. “¿Hacen falta escuelas que enseñen las labores del periodismo deportivo?” A mi parecer la respuesta era un sí rotundo. Mientras en Argentina las propuestas de Periodismo con énfasis en Periodismo Deportivo son muchas, en Colombia no se ha creado la primera. “Para mí se hace importante que haya especialización dentro del ramo del periodismo deportivo, ya que el fútbol es una materia muy compleja, muy difícil porque la juega el hombre. Y el hombre es misterioso, profundo, enigmático, y a veces impredecible” Como alguna vez lo dijo Dante Panzeri, uno de los mejores periodistas argentinos de la historia: “El fútbol es la dinámica de lo impensado”.
Cuando le pregunté que si a la hora se juzgar había sentido mala fe en algunos periodistas, replicó: “No hablaría de mala fe, pero si de mucha ignorancia. Cuando, muchas veces, sin estar informados, sin estar conscientes, no han sido objetivos en el mensaje que han emitido”.
Quise adentrarme en la ética periodística, y le hice una pregunta sobre la situación que viven algunos periodistas en Colombia, en su mayoría en medios radiales. Mi intención era saber en qué afectaba, en la búsqueda de la verdad, de la objetividad, meta de todo periodista, que él no sea empleado del medio en el cual trabaja, sino que su salario lo devenga de una campaña publicitaria en su mayoría con fines políticos.
El profesor de nuevo tomó un poco de su limonada, y respondió: “Bueno sí, lamentablemente la política está metida en todo, y la mejor es el deporte. Éste es, y en nuestro caso el fútbol, de una familia universal. Nosotros tenemos colegas en todo el mundo. Por lo tanto hacer de la competencia, la rutina cultural del balompié, un mal uso, puede ser contraproducente para la profesión y para el gremio de periodistas”.
El sol brillaba, y se asomaba con gran intensidad por la ventana de la oficina de Luis Marroquín. Muy bonito día, impensado después de la lluvia que hubo por la mañana. ¿Se puede concebir el fútbol sin periodismo? Le pregunté. “En este momento no, porque el fútbol es la cultura del milenio. Y los periodistas a través de los medios, ya sea radio, prensa o televisión, están todos los días y a cualquier hora transmitiendo fútbol en cualquier lugar del mundo”, comentó.
Se notaba cada vez más cómodo, y con cada una de sus frases dejaba enseñanzas, sin duda es uno de los más calificados para hablar de fútbol.
Cuando habló de la globalización de el juego se me ocurrió preguntarle sí ese proceso había sido perjudicial para el desarrollo del deporte, y había influido en el retroceso del nivel futbolístico mundial, a tal punto que Carlos Salvador Bilardo, entrenador gaucho, afirmó que el fútbol de su país estaba atrasado 30 años. Lo preocupante es que, según las estadísticas, ¡el colombiano está más atrasado que el argentino!
El maestro Marroquín afirmó que creía que “la globalización ha llevado a que ya los niños no griten la palabra papá, sino ¡gol! Entonces todos los medios de comunicación, especialmente la televisión, han centrado el fútbol como una cultura, como un tema permanente, apasionante e interesante, que estamos exprimiendo al máximo”.
El tema del periodismo deportivo es muy amplio, y toca cánones éticos que serían importantes para estudiarse. La esencia del periodismo es la búsqueda de la verdad y el comunicársela a todas las personas. Se me hacía tarde, debía volver a casa para postrar en un papel todos los conocimientos que el profe Marroquín me había brindado esta tarde. Y tenía que hacer todo esto para antes de esta noche, del 20 de mayo de 2008. “¿Que recomendaciones le daría a los estudiantes de Comunicación Social que sueñan en un futuro con ser periodistas deportivos?” pregunté.
Y el maestro, finalizó: “El fútbol tiene como proceso de enseñanza, de aprendizaje, cuatro elementos muy importantes, que todo periodista debe conocer fácilmente y profundamente: primero el hombre, el jugador, el atleta; segundo, el entrenador; tercero, el deporte como tal; y cuarto, el método. Ya los demás niveles dentro de éste son, podríamos decir “adobo”, complementos, a estos cuatro elementos. Por lo tanto, lo primero que tiene que conocer el periodista, que es el crítico de turno, como el crítico de arte, porque el fútbol es un arte, es profundamente la materia”.
Le di las gracias por todo, y me retiré con más ganas de ser periodista deportivo que antes.